Caricias Perpetuas.

domingo, 3 de junio de 2007

Anoche

Anoche mis manos no encontraron tu cuerpo.
Sentí que te habías ido pero aún permanecía tu calor a mi lado.
Intenté buscarte, mas mis manos solamente dieron con tu ausencia.
Tus labios no pronunciaban palabra, tus manos no recorrían el mapa que tantas veces habían seguido.
Y el silencio se hacía tan notorio.
El silencio eras tú, el silencio era yo.
Era parte de ambos.
Y mientras este nos consumía, mi alma pedía a gritos que tu cuerpo me tomara una vez más.
A cambio de eso, te levantaste silencioso y tomaste tu abrigo.
Abriste la puerta, y te deshiciste en la niebla.
Mis manos y mi cuerpo se quedaron esperando.
Esperanzada por tu vuelta.
Aquella que nunca se concretó.

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